Ecos de la tragedia acaecida durante el ajedrez viviente

Ha poco de haber transcurrido una semana desde el suceso que estremeció a toda la comunidad de Tres Valles, continúa la incertidumbre en torno al caso. El estricto secreto de sumario, sumado al silencio de los familiares y parientes de los implicados, hace que todo tipo de rumores e hipótesis referidas a las causas del episodio sean el tema de conversación obligada en toda Tres Valles.

Todo comenzó con los festejos del aniversario de la ciudad, ocasión para la cual la intendencia local organizó y llevó a cabo una serie de espectáculos culturales al aire libre con presencia de reconocidos artistas, deportistas y humoristas, tanto locales como de la capital provincial. Entre esos eventos, y por iniciativa del CATVA (Club de Ajedrez de Tres Valles), se programó un "ajedrez viviente" en la plaza Principal.

El día fijado para la realización de la partida resultó esplendido: un cielo despejado acompañado de una temperatura más que agradable. Los infantiles del CATVA representaban a los peones, tanto negros como blancos. Los juveniles en tanto, representaban a alfiles, caballeros y torres, quedando los papeles de reyes y reinas en manos del presidente y del tesorero del club, acompañados por sus respectivas esposas.

La producción de este ajedrez viviente no reparó en gastos y se vio premiada con la aprobación unánime del publico asistente: segmentos cuadrados de lana blanca y negra se alternaban hasta conformar una enorme y hermosa alfombra que hacía las veces de tablero. Los trajes de quienes representaban a las piezas eran típicos de la edad medieval y habían sido confeccionados en forma exclusiva para la ocasión por las maestras tejedoras de la "Asociación Amigas de la Tela". Se había acordado que la partida sería jugada entre el el intendente de la ciudad de Tres Valles, Sr. Joaquín Echagüe y el ex campeón santacruceño, el riogalleguense Alexis Insfran. A su vez, el Dr. Sergio Malbrán, aficionado a cantar tangos, era el encargado de transmitir en voz alta, las jugadas que le dictaran los contendientes.

Todo marchaba de forma natural: quienes representaban a las piezas avanzaban o retrocedían ceremoniosamente según lo exigiera los movimientos ordenados por el Dr. Malbrán, el cual se hallaba sentado entre los señores Insfran y Echagüe. Los momentos más simpáticos de este ajedrez viviente eran aquellos en que una pieza debía comerse a otra: aquí los actores ejecutaban elaboradas coreografías que simulaban un combate a muerte. Fue justamente en uno de estas representaciones cuando acaeció el hecho que lleno de sorpresa, asombro, horror y conmoción a todos los presentes.

Cuando el excelente ajedrecista Alexis Insfran dictó su movida 18, "Caballero toma al alfil", no imaginó ni por un segundo las tremendas consecuencias de esa acción. Aníbal Fernández, que interpretaba al caballero negro, espada de madera en mano, se acercaba lentamente hacia Guillermo Elguero, "el alfil blanco". Elguero lo esperaba con una ligera sonrisa, la sonrisa triste del actor que sabe que su personaje ha dejado de ser imprescindible para el desarrollo de la obra. El alfil, teniendo ya de frente al caballero, comienza el ritual de desenvainar, lentamente, su también espada de madera. Pero no logra hacerlo, pues Fernández, veloz como el rayo le asesta un tremendo golpe en la cabeza con su espada. Elguero tambalea ante el silencio y confusión general: es una fracción de segundo en la que se cruzan cientos de miradas atónitas. Ahora Fernández propina otro contundente golpe al ya vencido alfil Elguero, quien cae pesadamente y queda tendido en el suelo boca abajo, inconsciente. En ese preciso instante, Fernández alzó la vista y miró directamente a los ojos a un boquiabierto Ismael Urrutia, presidente del CATVA, quien representaba al Rey blanco, para gritarle: "Seguís vos tirano: jamás volverás a cometer injusticias ni a ..." No logró terminar la frase, pues personal policial lo redujo rápidamente. Momentos después fue conducido a la seccional tercera en medio del tumulto que se originó alrededor del patrullero. Por su parte, Elguero fue inmediatamente llevado al Hospital Regional de Tres Valles, lugar en el que falleció a pesar del esfuerzo de los médicos. Afortunadamente, minutos después su condición mejoró a vivo, siendo dado de alta dos días después.

Siendo Aníbal Fernández todavía menor de edad no corre peligro de llegar a quedar tras las rejas. Empero deberá estar bajo un riguroso tratamiento psiquiátrico. Algunas versiones que pretenden explicar la conducta de Fernández en aquel lamentable día, sostienen que este nunca pudo perdonar que, años atrás, Elguero lo haya eliminado del Campeonato Nacional de Ajedrez al haberlo derrotado, haciendo trampa, en la última fecha del torneo clasificatorio local. El árbitro en esa competencia casualmente, era el mismo presidente del CATVA, Ismael Urrutia, quien a falta de testigos falló en favor de Elguero ante la indignación y lágrimas del entonces pequeño Fernández: esto explicaría además, el hecho de que el agresor, apenas derribado Elguero, se haya dirigido también agresivamente a Urrutia con palabras amenazantes. Otras aluden el motivo de venganza a que Fernández descubrió, justo el día anterior al ajedrez viviente, que su novia lo engañaba precisamente con Elguero. Sin embargo, esta hipótesis es dudosa, ya que se sabe que Fernández en ocasiones anteriores había también descubierto que su novia lo había engañado con varios de sus compañeros del club de ajedrez, sin haberse por ello, comportado como lo hizo con Elguero. En todo caso, bien podría esto haber operado como sumatoria de rencores hacia Elguero. Finalmente, la versión de que en realidad Fernández no sabía lo que hacía parece ser la más acertada ...

Aníbal Fernández no solo es uno de los mejores ajedrecistas de Tres Valles, también es un brillante estudiante del polimodal 9. En el kiosco en el que trabaja no solo no ha faltado un día en dos años, sino que tampoco ha llegado tarde alguna vez; no se ha guardado un solo caramelo y jamás ha dejado mercadería sin reponer. Ha sido el mismo romántico, amable, caballeroso y enamorado cada día de los seis meses que lleva junto a su públicamente infiel novia Carolina. Jamás ha dejado de alentar a su equipo de fútbol, el "Cerritos" de Tres Valles, ni aún en esas tardes, más que frecuentes, en que ese club deportivo es salvajemente goleado ... ha sabido ser un hijo más que ideal desvelándose cuando su madre ha estado enferma o su padre ha necesitado una mano más en el taller. Devoto de la amistad, a vivido para quienes son sus amigos y se cuenta que una vez, viajando "a dedo" con Roberto Berrotarán, lo cargó en brazos durante 3 kilómetros cuando aquel, exhausto, ya no podía caminar ... ¿Como pudo entonces, un Aníbal Fernández así retratado, hacer lo que hizo a Elguero? Fernández, hiciera lo que hiciera lo hacía bien, pues él no se contentaba con "hacer" las cosas, debía vivirlas. Así, en cada aspecto de su vida volcaba la mayor energía de que pudiera disponer (y la poseía en demasía). Cada uno de sus pensamientos, cada una de sus ideas, cada uno de sus sueños, cada uno de sus sentimientos, cada uno de sus impulsos se armonizaban en pos de un único fin: esto es lo que conocemos con el nombre de pasión. Fernández era un apasionado. Un apasionado como pocos: era la pasión misma manifestándose a través de su existencia. Aquella dramática tarde, el pobre Elguero solo tuvo la desgraciada suerte de ser elegido el alfil blanco. Pues Fernández no lo vio en realidad: solo vio un alfil. Fernández no representaba a un caballero negro: él era un caballero negro. Y había recibido la orden de eliminar al alfil y lo haría. Lo eliminaría. Se acercó hasta donde estaba su objetivo, y antes de que este pudiera desenvainar su propia espada lo hizo perecer bajo "el acero" de la suya. Y luego, en medio del "furor de la batalla", buscó por el campo con la mirada no a Urrutia, sino al rey enemigo, al "tirano"que "incendia las aldeas" y con palabras amenazantes "lo sentenció". Porque matando al rey el combate habría sido ganado ... el caballero negro sin embargo, ha sido víctima de su propia pasión, ahora llamada psicosis. el final de esta historia nos la relatará el tiempo: quizá todavía sea posible rescatar al hombre que en Fernández, vive preso de esa misteriosa, alabada, atemorizante, cruel y seductora enfermedad del espíritu, esa pasión llamada locura.

Nélida Jake de Scubierto


 

 

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